martes, 27 de mayo de 2014

Nocturna 2014. Día 1: The Station, Fractured y The Zero Theorem


Llegó el tan ansiado día para los amantes del género fantástico. Ayer 26 de mayo daba comienzo la segunda edición del Nocturna. La película escogida por la organización para abrir boca fue la austriaca The Station de Marvin Kren. Ambientada en los Alpes alemanes, la película nos propone “congelarnos de miedo” junto a los protagonistas, un grupo de científicos estudiosos del clima de la zona. Mientras trabajan, encuentran una montaña cubierta de un organismo unicelular que funciona como un parásito con los animales de la zona. El perro de los científicos resulta herido por lo que ellos creen un zorro rabioso. Pero el borracho del grupo ha visto una especie de escarabajo mutante gigante. Y claro, nadie le cree hasta que se encuentran con una cochinilla enorme muerte. Mientras tanto, una Ministra se encuentra de camino a la estación para revisar el trabajo de estos hombres.

Esa es la premisa inicial de The Station, una película de monstruos en la que destaca la imaginería de los híbridos animales: una cochinilla-zorro, un escarabajo-cabra montés... y un secreto más que no desvelaremos pero que supone el broche bizarrísimo a esta divertida ida de olla (en serio, no tiene desperdicio, las carcajadas en la sala fueron épicas). Y es que, al principio, Kren se mostraba más comedido en una cinta con reminiscencias a La Cosa, al focalizarse en las debilidades de sus protagonistas y cómo afrontaban las adversidades. La entrada en acción de los “monstruos” convierte la película en una survival movie brutal, con muchos momentos para el recuerdo a pesar del empeño de Kren por agitar frenéticamente la cámara y apenas dejarnos ver a los bichos. El mejor personaje por su extravagancia es la Ministra que se descubre como una super mujer capaz de aniquilar a los mutantes con los ojos cerrados. ¡Pedimos una Ministra así para España! ¡Se acabarían todos los problemas! En definitiva, The Station, con sus ridiculeces y excesos acaba siendo una entretenida e hilarante propuesta, ideal como aperitivo de este Festival.

Una lástima la segunda elección del día, Fractured. El cuarto film del director Adam Gierasch es un confuso y caótico thriller con aire retro y de estética muy cutre. De qué va es difícil de definir. El protagonista es un insulso Callum Blue, un cocinero amnésico con horripilantes visiones de su pasado intercaladas en la narración de manera torpe, con subida de volumen y “careto feo” en primer plano incluidas. Si esto podía tener algún interés, éste se diluye rápidamente cuando la historia comienza a fluctuar sin ton ni son, introduciendo elementos superfluos que enmarañan el resultado. El cocinero estuvo involucrado en una trama chunga de tráfico humano junto al siempre malote Vinnie Jones. Reconozcámoslo, en El vagón de la muerte infundía respeto pero aquí Jones no es más que un espejismo. El cocinero descubre, en una escena donde se enfrenta al mismo diablo, que tiene una segunda oportunidad para redimirse. Pero claro, cuando llegamos a esta parte, el espectador ya se ha perdido en una historia anodina, inane y extremadamente aburrida.

Se me olvidaba comentar que, como el año pasado, casi todos los largometrajes vienen precedidos de un corto. Junto a The Station se proyectó Runaway, una especie de ¿falso tráiler de película catastrofista? y previo a Fractured pusieron Nothing stays, una suerte de falso anuncio sin producto a vender. Vamos, un éxito la elección de ambos. Antes de The zero theorem proyectaron dos. Entity, ambientado en el espacio y con un chorro inacabable de efectos especiales pero sin nada de chicha y Time after time, de Peris Romano y Pablo Silva González, un divertido homenaje a Regreso al futuro con muchas referencias ochenteras y un toque bizarro-entrañable que despertó los aplausos del respetable.

Vamos con el plato fuerte de la noche: The Zero Theorem. La última película hasta la fecha de Terry Gilliam fue escogida como cinta inaugural. Con su estética cyberpunk, nos presenta un mundo donde los trabajadores están oprimidos por la sociedad, por sus superiores. A Qohen -interpretado por un irreconocible Christoph Waltz, se le ordena encontrar la solución al teorema Cero, un proyecto que podría suponer un descubrimiento importante sobre la existencia humana. The Zero Theorem combina imágenes arrolladoras con una historia de ciencia ficción ambiciosa con un ritmo desigual a lo largo de todo su metraje. No puedo comparar con otras obras suyas porque soy una novata en el cine de Gilliam – sólo había visto El secreto de los hermanos Grimm – y, tras visionar esta recargadísima película, no me quedan muchas ganas de seguir ahondando en su filmografía.

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