viernes, 23 de enero de 2015

No llores, vuela. Los abandonados.

Título original:
No llores, vuela
Año:
2014
Fecha de estreno:
23 de enero de 2015 
Duración:
95 min
País:
España / Canadá / Francia
Director:
Claudia Llosa
Reparto:
Jennifer Connelly, Mélanie Laurent, Cillian Murphy, William Shimell, Zen McGrath, Nancy Drake, Winta McGrath, Oona Chaplin
Distribuidora:
Wanda


No llores, vuela, que acaba de aterrizar en la cartelera española, es el nuevo trabajo de la directora Claudia Llosa. Se presentó en la Bernilane del año pasado donde la peruana ya había ganado el Oso de Oro con su anterior largometraje La teta asustada (también nominada al Óscar a mejor película de habla no inglesa). La película peca de ser poco emocional -y sí, podríamos hacer el símil fácil con la frialdad del paisaje pero vamos a intentar ser algo más originales-, poco fluida, poco clara en cuanto a intenciones y todo eso empaña las sensaciones tras el visionado.

No llores, vuela narra cómo una madre y un hijo vuelven a reencontrarse tras más de veinte años separados gracias a una periodista. Cuando Ivan era un niño, un trágico accidente provocó el abandono de su madre Nana (Jennifer Connelly) quien se reconvirtió a una especie de curandera. Ahora, ya adulto, él (Cillian Murphy) vive casi como un ermitaño, cuidando halcones, la gran pasión de su vida. La visita de una periodista con intenciones personales ocultas (Mélanie Laurent) les llevará a buscar a Nana, a enfrentarse a ella, a pedirle ayuda. Fechada en dos períodos temporales distintos, mediante flashbacks sabremos por qué exactamente se separaron madre e hijo.

El abandono se erige como el motor conceptual de la película. Iván ya se sentía abandonado en su infancia, cuando su madre hacía más caso a su hermano pequeño Gully debido a la enfermedad terminal de éste. Después de eso, el abandono se hace más patente en la vida de Iván y Llosa, con su película, pretende mostrarnos un reencuentro para sanar ciertas heridas. Así, la curación en varios niveles, tanto físico como emocional o espiritual (el perdón) emerge como el otro tema principal en No llores, vuela.


No obstante, la directora ha sido incapaz de transmitir en ningún grado los sentimientos de sus personajes porque acaba optando por el camino fácil, el camino argumental obvio. Y, en una película como esta, centrada en las emociones de sus protagonistas, en la sensación de desamparo, resulta un error grave. Los intérpretes lo intentan pero los personajes son gélidos, parcos, taciturnos. La mirada de -la cada vez más guapa- Jennifer Connelly otorga un plus de candidez. Mélanie Laurent encarna al personaje peor desarrollado de los tres, una periodista que funciona como mera comparsa para conectar las dos historias temporales. Que Llosa haya intentado darle un trasfondo dramático empeora, incluso, el conjunto global de la película.

Quizá la media hora que se ha quedado en la sala de montaje (al menos en España se estrena una versión más corta) aporte luz sobre las verdaderas intenciones de No llores, vuela. Pero la versión que nos llega carga con taras como el innecesario hincapié en el melodrama de baratillo, con poca claridad argumental, sin saber por qué el hijo quiere reencontrarse con la madre o por qué una periodista tiene esa actitud. Eso sí, es una delicia a nivel de fotografía disfrutar esos extensos paisajes nevados -o del pseudo documental interno sobre cetrería.

5/10

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