miércoles, 22 de mayo de 2013

En otro país: Huppert al cubo




Hong Sang-soo presentó hace poco su nuevo trabajo, Nobody's Daughter Haewon, en el Festival de Berlín, pero la que nos llega a las carteleras españolas es su anterior trabajo, En otro país, que cuenta con la veterana Isabelle Huppert, que casualmente llega esta semana con dos películas a nuestras carteleras, la coreana y Dead Man Down, un thriller del director de Los hombres que no amaban a las mujeres.

En otro país, nos habla de la historia de una joven estudiante de cine y su madre que huyen a Mohang, una ciudad junto al mar, huyendo de los acreedores que quieren cobrar las deudas de su marido. Para evadirse, la joven empieza a escribir tres breves historias, sobre tres mujeres llamadas Anne (las tres interpretadas por Isabelle Huppert), una de ellas es una directora de cine francesa visitando a un amigo en Mohangh, la segunda está casada con un ejecutivo de una empresa automovilística y aprovecha el viaje de éste a Hong Kong para ver a su amante, director de cine. La última es un ama de casa rica de la que recientemente su marido se ha divorciado para irse con su amante coreana, y para consolarse visita Mohang junto a una amiga.

Podría decirse que hablamos más de un drama con algunos toques cómicos, más que de una comedia en sí, donde muchas situaciones, personajes y objetos se repiten (aunque no exactamente de la misma forma) en las tres historias que forman la película, creando un entramado de simbolismos y referencias internas que forman una interesante madeja de la que ir tirando, aunque las historias que se cuentan son bastante sencillas y livianas, que de degustan como caramelos, pero, desgraciadamente, se esfuman en la memoria con la misma rapidez.
Hablar de la película es imposible sin mencionar a Huppert, la cual se involucra de lleno en la película con sus tres personajes, aportando toda su simpatía y presencia.
Huppert está bastante contenta con el rodaje íntimo de la película, pero mostraba su inquietud en una entrevista de The Hollywood Reporter sobre si la gente llegaría a conectar con la película, ya que el mundo de Hong Sang-soo es “muy poético y bastante esotérico, pero también ligero y burlesco”, un enfoque que quizás no estemos muy acostumbrados los occidentales tovadía.
Y es que entre esas situaciones livianas se atisba que hay unas segundas intenciones del director, algo que intenta contar de más peso, pero eso ya queda en la cabeza de cada uno para darle vueltas en el post-visionado.


Fríamente las historias son simpáticas y poco más, y la historia de la joven que escribe todo, al final parece ser un mero McGuffin, pues ni siquiera se vuelve a ella al acabar las tres... como si toda la película quedara en un limbo sin justificación alguna. Eso deja la sensación de una película poco cohesionada internamente, como si asistiésemos a una película por episodios, conectada por los detalles repetidos, pero no en cuanto a unidad temática.
La fotografía de look ligeramente amateur (buscando expresamente) le otorga ese aire de transitoriedad al relato, como las conversaciones improvisadas o los amores de verano, pero particularmente el uso del zoom no me agrada salvo en muy contadas ocasiones, y no es en esta una de esas, pues me da la sensación de artificiosidad, sabiendo en todo momento que hay un cámara operando.

Las sensaciones finales son que, después de los sueños efímeros, el Soju y faros perdidos, sin ser ni mucho menos una mala película, tampoco trascenderá en nuestra memoria, se deja ver amablemente pero ni compartimos el humor ni la visión poética tan propia del cine oriental. Supongo que estas son las desventajas de vivir en otro país.

6/10

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