jueves, 28 de abril de 2016

La noche que mi madre mató a mi padre. Mentiras exageradas.

Título original:
La noche que mi madre mató a mi padre
Año:
2016
Fecha de estreno:
29 de Abril de 2016
Duración:
93 min
País:
España
Director:
Inés París
Reparto:
Belén Rueda, Diego Peretti, Eduard Fernández, María Pujalte, Fele Martínez, Patricia Montero
Distribuidora:
Festival Films



“La comedia del año” es esa definición que suele acompañar a producciones que pueden considerarse comedias a duras penas, ya que despertar risas no es precisamente su fuerte. La aparición de esa frase de forma sistemática en los carteles de las películas ya invita a sospechar acerca de su veracidad. Y con La noche que mi madre mató a mi padre basta con ver el resultado final para poner en duda la credibilidad de esas palabras. El planteamiento que se propone es original, en cuanto a que la película es un juego en sí misma, pero los enredos entre sus personajes se van enmarañando de manera que se dilata la llegada de la resolución durante demasiado tiempo. Ahogando cualquier rastro de originalidad de la propuesta y, lo que es más preocupante en una comedia, las ganas de reír, que quedan desplazadas por las ganas de que se resuelva, de la forma que sea, pero que se resuelva cuanto antes.


Inés París plantea una parodia al género policíaco, riéndose directamente de él con las diferentes capas que componen la película. Esas capas quedan encubiertas por mentiras, que van restando credibilidad a la cinta. Ya que cuando todo avanza a partir del engaño cualquier cosa puede pasar, pero cuando el espectador comienza a verse involucrado en una descarada farsa lo normal es que tienda a rechazarla. Por lo que el desarrollo es tan poco creíble como que se diga que el personaje de Belén Rueda acaba de cumplir cuarenta años. La actriz se conserva muy bien, pero de ahí a aparentar una década menos hay un margen considerable, sobre todo teniendo en cuenta que la crítica que plantea al rechazo de las mujeres en el oficio de la interpretación cuando superan cierta edad sería válida igualmente con unos cuantos años más encima.

En cuanto a los actores, hay que elogiar su trabajo en cuanto a que algunos de ellos tenían que modelar de manera diferente su personalidad según el momento de la película. Interpretar dentro de la interpretación. Pero eso no quita que lo insufrible del personaje de Patricia Montero no resulte cansino, al igual que la obviedad de ciertas evidencias, aunque sea necesario para el avance y después resulte coherente. ¿Justifica el fin los medios? Porque las cosas pueden encajar al final, pero si para ello se prescinde de entretener durante buena parte del metraje, difícilmente merecerá la pena elaborar un largometraje a partir de ello. En un tiempo menor la idea habría resultado más convincente, sobre todo cuando nos fijamos en la serie de catastróficas desdichas a las que está sometido el personaje de Fele Martínez, que es el que mejor refleja el caos en el acaba sumiéndose la película. Belén Rueda, Eduard Fernández, María Pujalte y Diego Peretti no forman un cuarteto protagonista demasiado convincente, no porque no cumplan con su trabajo, sino simplemente porque eso no les vale para que las relaciones que les llevan a cenar juntos resulten creíbles. Y eso pone en evidencia el mayor defecto de la película: la excesiva farsa. La farsa sobre la farsa termina por anular el efecto cómico.


En definitiva, La noche que mi madre mató a mi padre desaprovecha la oportunidad de convertirse en esa “comedia del año” y se conforma con ser un cúmulo de sucesos inverosímiles que no están cargados con el humor suficiente como para que resulte una película hilarante, ni graciosa. Sobre las tablas del teatro esos enredos podrían haber sido manejados con mejor resultado, pero en el cine desgraciadamente no termina de arrancar en 90 minutos.

4/10

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