El tercer día comenzaba con la a veces interesante, a veces fallida Banklady. Los que hemos seguido un poco la trayectoria de Christian Alvart, desde su salto al cine americano con Pandorum, hemos podido comprobar su irregularidad tras las cámaras. En Banklady el defecto más evidente es el exceso de ambición, como podemos comprobar en su insistente manía de americanizar una propuesta que habría funcionado mejor sin esas ínfulas de grandeza, sobre todo en el tercio final. La película está basada en la historia real de Gisela Wela primera mujer ladrona de bancos en Alemania allá en la década de los 60. La tímida Gisela, interpretada por Nadeshda Brennicke, es una treinteañera que vive una monótona existencia en casa de sus padres quienes no confían mucho en su futuro, trabaja en una aburrida fábrica de papel pintado y su "novio" no le promete una vida mucho más excitante. Gisela posee un look andrógino, con el pelo corto y unas vestimentas poco favorecedoras. Sueña con escapar de esa vida, con explotar su feminidad, con ser alguien. Las cosas se ponen a su favor cuando conoce a Peter, un ladrón de poca monta con quien encontrará la chispa incendiaria que andaba buscando y de quien se enamorará perdidamente. Y eso que no se deberían mezclar el amor y los negocios...