sábado, 30 de noviembre de 2013

Las mejores cosas del mundo. Madurar a ritmo de The Beatles.


 

Por enésima vez, como uno de los temas recurrentes en el cine que es, se nos presentan los problemas típicos de la adolescencia en Las mejores cosas del mundo una producción brasileña que sólo tiene de exótico eso mismo, su país de origen. En su tercer largometraje, Laís Bodanzky sigue fiel a su estilo de transmitir valores tolerantes y, sobre todo, emociones en sus películas. Si con su ópera prima, Bicho de siete cabezas, Bodanzky se centró más en un cine social crudo y sin ambages, con el cual denunciaba los abusos de poder en las instituciones mentales, en su último largo hasta la fecha, ha optado por un tono menos triste y más familiar, centrado en el difícil camino que hay entre la adolescencia y la madurez. Su intención es simple: mostrar el día a día de un quinceañero cuando su vida se ve trastrocada tras el divorcio de sus padres, su relación con su hermano dos años mayor y con los compañeros de instituto. Todas esas relaciones, con sus ventajas e inconvenientes, que construyen el mundo de un joven.

Basada en la serie de libros "Mano" de Gilberto Dimenstein y Heloisa Prieto, Las mejores cosas del mundo es una película hecha para y por adolescentes. Y explicamos esto último. Para la escritura del guión, Luis Bolognesi – guionista habitual y marido de Bodanzky – acudió a centros de secundaria brasileños y preguntó a los jóvenes sobre sus problemas, sus gustos o sus vicios. De ahí que en la narración final haya tantos y tantos personajes, relacionados directa o indirectamente con Mano, el protagonista. Bolognesi optó por no ser selectivo con las preocupaciones típicas de la adolescencia e incluir todas: desestructuración familiar, enamoramientos, amor no correspondido, profesorado guay, humillaciones escolares, pérdida de la virginidad, drogas, depresiones, homosexualidad, “aborregamiento” de las masas... Sí, todo esto – y más - tiene cabida en la película. Por querer abarcar tanto, tenemos la sensación de haber visto ya la misma película más de mil veces. Es como estar viendo una serie de televisión de sobremesa a lo Al salir de clase, pero sin tanto lío de falda. Y no sólo eso, tantos frentes abiertos llevan a no concluir algunos y el espectador se queda con un poso de poca consistencia en general, más acusada en su parte final donde, precisamente, el detonante principal del divorcio de los padres de Mano queda desdibujado pues no se resuelve como debería.

 

Si bien es cierto que, a su favor, esta película brasileña cuenta con la honestidad de su guión, con la cercanía para con sus personajes y con la capacidad de empatizar con una trama harto cotidiana. El éxito de sus bazas positivas radica en que su historia podría ocurrir en cualquier lugar del mundo, en que cualquier adolescente se verá reflejado en sus personajes, en esos chavales (y por qué no, también los padres) de un instituto de clase media de Sao Paulo. Además, para el casting se utilizó a actores profesionales junto a otros debutantes para conseguir esa sensación de verosimilitud y proximidad. Incluso, cuenta Bodanzky, a veces improvisaban ciertas escenas para que las reacciones fueran lo más sinceras posibles. Otro punto positivo a su banda sonora ya que con la excusa de que Mano quiere aprender a tocar la guitarra, podemos escuchar numerosas veces a lo largo de la cinta la melancólica Something de Los Beatles. Sin embargo, y como ya hemos apuntado, Las mejores cosas del mundo es una producción muy normalita, de bajas pretensiones y cuyo predecible guión, la convierten en una película fácilmente olvidable. 

 
5/10

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...