A
finales de los 90, viví una segunda infancia en plena
pre-adolescencia. Es la consecuencia de tener una hermana varios años
más pequeña. Si yo me crié con películas como Big, Los
Goonies, E.T. o Solo
en casa, ella fue más de
Pequeños guerreros, Matilda, Jumanji o
Un padre en apuros. Y,
claro, yo también disfruté de ese cine familiar y entrañable de
los 90, repuesto hasta la saciedad en la pequeña pantalla. El año pasado, cuando se acercaban las fiestas navideñas, nuestra querida
televisión pública recuperó uno de esos títulos que, como suele
pasar cuando se siente la morriña de tiempos pasados, hizo que me
quedara enganchada toda la tarde. No era otra si no que Un padre en apuros
más conocida en mi casa como Turbo Man. De
hecho, ese fue el nombre que le pusimos en la carátula del VHS
cuando la grabamos y durante muchos años pensamos que, realmente, se
llamaba así.