
Steven
Soderbergh, ganador del Oscar a mejor director por Traffic,
realmente, aparte de dos o tres películas destacadas, lleva bastante
tiempo, de hecho desde el 2000 (año del Oscar) sin destacar
especialmente. Sus películas, a menudo parten de buenas ideas y
parecen interesantes, pero acaban no seduciendo plenamente al
espectador. Los críticos si suelen adorarle más la píldora al
bueno de Soderbergh, pero la sensación de que le faltan obras magnas
a su extensa filmografía para ser uno de los grandes empieza a ser
preocupante. Y todo esto sale a relucir una vez más en su nueva
película, Efectos secundarios.
Una
vez más, la idea de la película se plantea interesante cuanto
menos. Rememorando en parte aquella gran película de Fernando
Meirelles, El jardinero fiel, nos adentramos en el lado más
turbio de los productos farmacéuticos, sus asociaciones con los
psiquiatras y los efectos secundarios que producen estos productos.
Y, lo mejor, es que su solvente ritmo narrativo nos recuerda al
Soderbergh de Traffic, lo
cual hace que suba en puntos de interés. A estos alicientes se suma
un reparto a la altura de las expectativas: Jude Law, Channing Tatum
y Catherine Zeta-Jones repiten una vez más con Soderbergh, pero es
justamente Rooney Mara, en su primera actuación para el director la
que destaca sobremanera, demostrando que, tras La red
social y el Millennium
de Fincher, su carrera está en auge. Se come la pantalla y logra
eclipsar a sus compañeros de reparto, inconmensurable.